viernes, 18 de marzo de 2016

Contestación al análisis: El costo político: ¿la factura más cara que pagará el Gobierno?



Durante todo este año que se avecina una elección presidencial, la prensa escrita, televisada, radial y más medios de comunicación se habla de un pesimismo de cavar un hoyo en la tierra y meter la cabeza y morir sin hacer nada.
En analizar que cayó el IVA en el 18%   entre diciembre 2015 y diciembre 2014, que afectara al movimiento PAIS de mantenerse en el poder. Porque hablar de cosas negativas y no mirar que el sol sale todos los días. El miedo de profetizar,  que el hombre terminara muriendo por la enfermedad del estrés y sistema nervioso que por la misma crisis económica.
 Profetizan que la proforma presupuestaria del año pasado (2015), no corresponde al momento que vive el ecuador. Inventando el agua tibia. Dan el análisis efímero sin ejemplos y pregunto. Hay alguna familia por más dinero que tenga,  que haya presupuestado y se cumpla en año siguiente, imposible, porque se presentan enfermedades y la misma muerte que el hombre no la puede detener. Pero pueden darse el lujo de dar definiciones que se van más allá de propio pensamiento para   ser los superhéroes del siglo XXI, el pesimismo y no del optimismo.
Hablan de la dependencia excesiva de la liquidez del precio del petróleo, como que siguen esperanzados en el oro negro, como que nos han quitado media vida. De dónde nace el pesimismo de retroceder de mirarse el ombligo, cuando la producción petrolera ha sido la causa de lo que estamos viviendo, cuando el pueblo ecuatoriano despilfarro y dio cabida a ciertos placeres de se convirtieron en esclavos y hoy miran a un culpable.
Recuerdo que era niño, el gobierno de turno enviaba a cada ciudad  un barril de petróleo y el pueblo salía a las calles, hacerle la calle de honor, de la euforia, los aplausos que el país dejaba de ser pobre y pasaba a ser millonario. Se vivió una idolatría de adorar a un dios muerto y cuáles fueron las consecuencias. Consecuencias esta realidad del siglo XXI del año 2016 y el analista económico está  llorando por volver a vivir aquellos apetitosos placeres. Murió el Modelo agroexportador, el suelo producía alimentos se volvió estéril
Pero siguen con ese pesimismo de adolecente de no querer bailar con la más fea   y vivir del que dirán. Todo es malo donde las cloacas del desarrollo y corrupción son aromas para escupir al otro que no piensa como YO.
No hay palabras de motivación, de liderazgo, que viene días mejores. Que el pueblo verdaderamente trabaje como debe ser, pero se han esfumado y se vive por vivir pero con la última tecnología, el celular en mano, el chateo, sin dialogo sin comunicación, sin familia. Pero salen los pesimistas publicistas que lo que va a pasar y el país no crece, pero hay un culpable que es el OTRO, yo NO.
No hay inversión. Que es inversión. La inversión nace desde casa empezando desde el Padre a valorar nuestra identidad. Mejor es made in USA, que pesimismo. Como decir que yo solo robo monedas de 1 centavo que no hago mal a nadie,  el otro que roba millones de dólares eses es ladrón. Ese es el pesimismo que nos meten en la cabeza, extrañando los viejos placeres y deleites de la vida de bonanza.        
Presentan el análisis de blindar la dolarización, que paso cuando blindaron al sucre. Dirán yo si dije pero no me hicieron caso. Que pesimismo estéril de cortar las alas, de ser vencido antes empezar, de llorar sobre la leche derramada. 

No se acuerdan cuando estuvieron en el poder y manejaron la economía. Aplicación de modelos para blindar a la economía y mientras el pueblo siga muriéndose de hambre no de pan, muriendo de la miseria de esperanza, que hay días mejores. Pero hay el pesimismo que cala en lo más profundo    de vivir como una gallina con peste, sin futuro.

Que fácil de dar ráfagas de palabras,  por  buscar la vanidad de vanidad del YO, pero nunca sale la palabra de esta crisis,  es la oportunidad para crecer, de vivir un verdadero liderazgo de un emprendimiento empresarial, que las nuevas generaciones tengan de que recordarnos y no dejarles como herencia un pesimismo estéril, de no confiar en un verdadero triunfo.

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