VIVIMOS LA ESTUPIDEZ, COMO VERDAD, DONDE MUEREN LOS EMPRENDIMIENTOS, EL DESARROLLO SE ESFUMA.
Nos encontramos viviendo la estupidez del hombre, frente al
raciocinio, a la sabiduría de un Hombre libre, con la capacidad de discernir el
APARENTE BIEN. Se ha perdido la visión de un norte, la estructura de los
cimientos para un desarrollo estructural, en unión a la Familia, el motor, de
fortalecer el conocimiento a través de una Educación estructurada en valores.
Albert Einstein se expresaba
sobre la estupidez: "Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y
la estupidez humana”, que el hombre
en el presente nos encontramos viviendo la irracionalidad como una verdad,
matando la educación, desde la trayectoria de una experiencia de vida con amor
a una investigación de fomentar el desarrollo.
Nos quedamos en la estupidez, de
saberlo todo, la respuesta sin conocimiento, causa, moral, raciocinio,
inteligencia y sabiduría. Dejamos que prevalezca el egoísmo como el factor
común en la comunicación de enfrentar las causas del deterioro de la
Democracia, para fomentar leyes, aplicables a un desarrollo cognitivo, en verdad
y espíritu.
Estamos como sociedad, dejando que
nos domine la estupidez, de permitir que el criterio de poder emprender, crear
un valor agregado, fomentar el desarrollo, a través de un liderazgo político,
empresarial, social, se fomente las narrativas como verdades, permitiendo que
el mal se enfrasque en la Familia, sin la capacidad de protestar, generalizando
criterios como verdades, afectando a la sociedad, en la división entre el bueno
y el malo, el sesgo de la opinión sin armonía, ni empatía.
Dietrich Bonhoeffer, expresaba que la
estupidez “NO ES UNA FALTA DE INTELIGENCIA, SINO UN PROBLEMA MORAL Y
SOCIOLÓGICO DONDE EL INDIVIDUO RENUNCIA A SU PENSAMIENTO CRÍTICO, UN
PELIGRO PORQUE PARALIZA LA REFLEXIÓN MORAL Y CREA OBEDIENCIA CIEGA.” El Hombre
pierde su libertad, el libre albedrio, su capacidad emprendedora, para seguir
al poder mediático, los falsos profetas, que juegan con la esperanza de un
pueblo, de vivir la estupidez como regla moral, que hay un culpable, sin
reconocer la incapacidad de tomar decisiones.
Sí lo trasladamos a nuestra realidad
como persona, individuo, preguntarse ¿Quién soy Yo? La respuesta para salir del abismo negro, la
ceguera de no ver, la causa de la pobreza material, se da por no ser pobre de
Espíritu, de buscar la sabiduría de DIOS. En proverbios 26: 11 “Como el perro
vuelve a su vómito, vuelve el necio a su insensatez.” La estupidez del Hombre
creerse DIOS, de no aprender de los errores, siempre está en primer lugar el
egoísmo.
El éxito y el desarrollo del Hombre
está en “Si quieres cambiar tu vida,
cambia tus deseos”. La expresión de San Agustín, que permite que el Hombre deje
de ser estúpido, sea humano, que sepa amar, aprender, ya hacer bien. Tener la
convicción de caminar hacia el norte, dejar huella, ser el faro para las nuevas
generaciones, que el cambio de aptitud y actitud, rompa las barreras de la
envidia, el muro de la estupidez.
Necesitamos
emprender, la revolución de la economía familiar, para reactivar, forjar las
ideas, como parte a la solución, respuesta a lo irracional, para pasar a la
otra orilla, que representa la paz, empezar de nuevo, con el coraje, entusiasmo
de crear valor agregado, hacer empresa, generadora de empleo real.
Es la hora de salir de la
estupidez, la guerra de narrativas, de buscar culpables donde no hay. Dejar el
perfeccionismo de una verdad sin educación, sin valores, sin discernimiento,
para que el Hombre sea libre, libre como el viento, libre como el agua cristalina,
que calma la sed de justicia de amor.
Tenemos una solo regla, de salir
del bache de la pobreza, es volver a recuperar la Identidad, no vivir de la
estupidez del endeudamiento, la doble vida, el aparentar lo que no se tiene. Es
simplemente dejar de ser estúpido, volver al camino de la verdad, cimentado en
la palabra de DIOS.
Al final, el emprendimiento, es el puente para el desarrollo de un pueblo libre, con educación y sabiduría. Dejar de vivir la estupidez, descender, muera el hombre viejo y salgo un nuevo hombre. El hombre soñador, con sabor a campo, el florecimiento de lo sembrado.
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