EL ESPÍRITU DE DIOS DA VIDA, SE EMPRENDE, SE CONSTRUYE FAMILIA, PARA NUEVOS CAMINOS EN SABIDURÍA.
Unos de los problemas del Hombre, es buscar el éxito sin
camino, SER, sin sabiduría, Prójimo sin amor. Son las caídas constantes de
llevar en la espalda, la fragilidad, por el razonamiento, la inteligencia,
sobre todo por el libre albedrío que DIOS da al Hombre creyente o no, es la
gracia, misericordia. Bajo este contexto
el Hombre puede discernir, qué ha pasado en un camino creado por sí mismo,
preguntarse ¿valió la pena trabajar más allá de la realidad, descuidando la
Familia?, porque nos enfocamos en el tiempo de la teoría de mercado, de un
fetichismo mercantilista, desechando el tiempo de vivir Familia.
El Hombre necesita tener una intimidad con DIOS, recibir el
Espíritu dado en el Bautismo, para vencer los miedos, vivir la fiesta de
Pentecostés. El Papa León XIV nos dio su mensaje “SOMOS UN PUEBLO EN CAMINO, MENCIONANDO EL SIGNIFICADO DE LA
SINODALIDAD: EN ESTA PALABRA RESUENA EL “SYN” —QUE QUIERE
DECIR “CON” QUE CONSTITUYE EL SECRETO DE LA VIDA DE DIOS. DIOS NO
ES SOLEDAD. DIOS ES “CON” EN SÍ MISMO: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO, ES DIOS
CON NOSOTROS. AL MISMO TIEMPO, “SINODALIDAD” NOS RECUERDA EL CAMINO “ODÓS”, PORQUE
DONDE ESTÁ EL ESPÍRITU HAY MOVIMIENTO, HAY CAMINO”
Para Emprender no se necesita leyes, imposiciones, tener que
hacer, se requiere, la armonía para caminar con un norte, la luz para iluminar
la oscuridad, el coraje de un verdadero cristiano, de amor, dejar huella. No
quedarse en un INDIETRISMO, termino creado por el Santo Padre Francisco (+),
que lo explicaba “añorar el pasado, no son los tradicionalistas porque la tradición
jala hacia arriba, y tarde o temprano se mueven; sino son los conservadores
(personas de retroceso) que dicen: No hagamos esto. Es peligroso. Volvamos
atrás”
Tenemos que aprender a caminar con armonía, romper los
esquemas, paradigmas, que el hombre necesita construir con DIOS, ya lo dice el
salmo 127 “Si Yahveh no construye la
casa, en vano se afanan los constructores; si Yahveh no guarda la ciudad, en
vano vigila la guardia”. Tenemos el libro de la vida, la verdad que es
DIOS, no podemos emprender por el miedo al NO, el tropezar como el fin de los
sueños, no aprender a llorar de humildad, alzar los ojos a DIOS, pero nos
quedamos en expresar “que mala suerte”,
la soberbia tapiñada con la falsa humildad, de encontrar un culpable, apuntar con
el dedo de un falso poder, romper en llanto de ira, envidia.
El emprender es buscar, investigar, discernir, que el Hombre
es una criatura, necesita alimentarse del Espíritu de sabiduría e Inteligencia,
para caminar por los caminos pedregosos, que representa el sufrimiento o la
cruz gloriosa, el puente entre Jesucristo y el Hombre, para cargar el YUGO,
para abrir los surcos, sembrar la semilla, en una tierra fértil, que dará
muchos frutos.
Es hora de volver al origen del Emprendimiento, volver al
campo, cosechar el fruto, transformarlo en un producto, la necesidad del
mercado, no como una mercancía, de conjugar el verbo “yo gano”. Nos olvidamos del
servicio, que es el amor al prójimo, la Identidad Emprendedora, de cubrir una
necesidad con la cadena de valor de un precio justo.
Necesitamos reconocer la luz, que los sueños, sean reales al
entorno de saber crear, subirse al tren
de la vida, la oportunidad que se encuentra en la espera de ser acogida, de
hacer camino, una economía familiar, reactivar y generar una circulación de
capitales, la inversión en: amor, pasión y servicio. Las tres turbinas generadoras de energía para
crear el valor agregado, la diferenciación de la competencia.
Se necesita la luz del emprendimiento, la familia que
trasmite la FE a los hijos, una herencia de sabiduría, vivir el hoy, no
proyectarse al futuro, pero con la esperanza que todo llega cuando hay: el
esfuerzo, la constancia y el amor de prójimo. El verdadero emprendedor huele a
Cristo, ya no vive para si mismo, vive para el otro; vive para hacer trabajo,
no que hago; vive para cantar las hazañas de DIOS, no culpar a DIOS por los
errores cometido; vive para reconocer a Dios como Padre, no para esperar los
milagros, la religiosidad natural, vive para tener paz como Hijo de DIOS.
El verdadero Emprendedor, tiene el Espíritu de Dios, es libre
como el hijo prodigo, que vuelve a casa, donde le espera el Padre, que le cubre
con el manto, el anillo y las sandalias. Representa la dignidad y el poder que
Dios otorga al Hombre, por la fidelidad al evangelio, a la palabra de vida
eterna.
Tú decides emprender con sabiduría, servicio y pasión. El Emprendimiento
de su fruto.
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