lunes, 9 de junio de 2025

 

EL ESPÍRITU DE DIOS DA VIDA, SE EMPRENDE, SE CONSTRUYE FAMILIA, PARA NUEVOS CAMINOS EN SABIDURÍA.

 

Unos de los problemas del Hombre, es buscar el éxito sin camino, SER, sin sabiduría, Prójimo sin amor. Son las caídas constantes de llevar en la espalda, la fragilidad, por el razonamiento, la inteligencia, sobre todo por el libre albedrío que DIOS da al Hombre creyente o no, es la gracia, misericordia.  Bajo este contexto el Hombre puede discernir, qué ha pasado en un camino creado por sí mismo, preguntarse ¿valió la pena trabajar más allá de la realidad, descuidando la Familia?, porque nos enfocamos en el tiempo de la teoría de mercado, de un fetichismo mercantilista, desechando el tiempo de vivir Familia.

 

El Hombre necesita tener una intimidad con DIOS, recibir el Espíritu dado en el Bautismo, para vencer los miedos, vivir la fiesta de Pentecostés. El Papa León XIV nos dio su mensaje “SOMOS UN PUEBLO EN CAMINO, MENCIONANDO EL SIGNIFICADO DE LA SINODALIDAD: EN ESTA PALABRA RESUENA EL “SYN” —QUE QUIERE DECIR “CON” QUE CONSTITUYE EL SECRETO DE LA VIDA DE DIOS. DIOS NO ES SOLEDAD. DIOS ES “CON” EN SÍ MISMO: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO, ES DIOS CON NOSOTROS. AL MISMO TIEMPO, “SINODALIDAD” NOS RECUERDA EL CAMINO “ODÓS”, PORQUE DONDE ESTÁ EL ESPÍRITU HAY MOVIMIENTO, HAY CAMINO

 

Para Emprender no se necesita leyes, imposiciones, tener que hacer, se requiere, la armonía para caminar con un norte, la luz para iluminar la oscuridad, el coraje de un verdadero cristiano, de amor, dejar huella. No quedarse en un INDIETRISMO, termino creado por el Santo Padre Francisco (+), que lo explicaba “añorar el pasado, no son los tradicionalistas porque la tradición jala hacia arriba, y tarde o temprano se mueven; sino son los conservadores (personas de retroceso) que dicen: No hagamos esto. Es peligroso. Volvamos atrás

 

Tenemos que aprender a caminar con armonía, romper los esquemas, paradigmas, que el hombre necesita construir con DIOS, ya lo dice el salmo 127 “Si Yahveh no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si Yahveh no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”. Tenemos el libro de la vida, la verdad que es DIOS, no podemos emprender por el miedo al NO, el tropezar como el fin de los sueños, no aprender a llorar de humildad, alzar los ojos a DIOS, pero nos quedamos en expresar “que mala suerte”, la soberbia tapiñada con la falsa humildad, de encontrar un culpable, apuntar con el dedo de un falso poder, romper en llanto de ira, envidia.

 

El emprender es buscar, investigar, discernir, que el Hombre es una criatura, necesita alimentarse del Espíritu de sabiduría e Inteligencia, para caminar por los caminos pedregosos, que representa el sufrimiento o la cruz gloriosa, el puente entre Jesucristo y el Hombre, para cargar el YUGO, para abrir los surcos, sembrar la semilla, en una tierra fértil, que dará muchos frutos.

 

Es hora de volver al origen del Emprendimiento, volver al campo, cosechar el fruto, transformarlo en un producto, la necesidad del mercado, no como una mercancía, de conjugar el verbo “yo gano”. Nos olvidamos del servicio, que es el amor al prójimo, la Identidad Emprendedora, de cubrir una necesidad con la cadena de valor de un precio justo.

 

Necesitamos reconocer la luz, que los sueños, sean reales al entorno de saber crear, subirse al   tren de la vida, la oportunidad que se encuentra en la espera de ser acogida, de hacer camino, una economía familiar, reactivar y generar una circulación de capitales, la inversión en: amor, pasión y servicio.  Las tres turbinas generadoras de energía para crear el valor agregado, la diferenciación de la competencia.

 

Se necesita la luz del emprendimiento, la familia que trasmite la FE a los hijos, una herencia de sabiduría, vivir el hoy, no proyectarse al futuro, pero con la esperanza que todo llega cuando hay: el esfuerzo, la constancia y el amor de prójimo. El verdadero emprendedor huele a Cristo, ya no vive para si mismo, vive para el otro; vive para hacer trabajo, no que hago; vive para cantar las hazañas de DIOS, no culpar a DIOS por los errores cometido; vive para reconocer a Dios como Padre, no para esperar los milagros, la religiosidad natural, vive para tener paz como Hijo de DIOS.

 

El verdadero Emprendedor, tiene el Espíritu de Dios, es libre como el hijo prodigo, que vuelve a casa, donde le espera el Padre, que le cubre con el manto, el anillo y las sandalias. Representa la dignidad y el poder que Dios otorga al Hombre, por la fidelidad al evangelio, a la palabra de vida eterna.

 

Tú decides emprender con sabiduría, servicio y pasión. El Emprendimiento de su fruto.

 

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