Cuando la razón trabaja con dos
verdades, se presenta el choque de buscar una sola verdad, en la razón de la ley. La ley es para ejecutarla en beneficio de un
colectivo social, para el desarrollo de
una sociedad.
Hasta ahí, todo bien, porque se necesita un órgano regulador para la
aplicación de la ley. Pero qué pasa,
cuando el hombre y la sociedad no la tiene bien claro la acción de la
ley y su consecuencia de la misma dentro del entorno social y familiar.
Sin la ley que regula, la sociedad sería un
caos, una tierra de nadie, de vivir un canibalismo de la fuerza en función de un
caciquismo, sin el ordenamiento
territorial, más bien de un expansionismo, como fundadores de una nueva identidad
cultural.
Es lo que experimentado en las
ferias libres, el seguimiento de la ley a la informalidad de una economía
popular. La ley dice tener la carne en
refrigeración para prevalecer el bienestar en el consumo y no se presente casos
mayores de salud. Pero la informalidad
hace lo contrario a la ley con el fin de lograr un consumo sin normas
establecidas a la salud humana.
La informalidad lo hacemos, los ofertantes y demandantes, olvidándonos
del principio de la ley en prevalecer el bienestar, se dan las carreras de la ley sancionadora a
los alimentos que no cumplen los
parámetros estipulados. La pierna de
carne de chancho al hombro de su dueño, que se escabullen como una hormiga para no ser
visto por la ley, en este caso la Policía Municipal.
La Policía Municipal cumple su
rol, de hacer cumplir la ley, al otro
lado está el pueblo que tiene que cumplir la Ley. Nacen los conceptos,
definiciones, epítetos de adjetivos de
ofender a la ley, y, la ley utiliza su autoridad como tal. Un choque del sustantivo con su adjetivo
hiriente, con la razón de la ley.
Cuando la ira se olvida de la
ley, se convierte en el canibalismo de ser la ley, sin el equilibrio del raciocinio,
para evadir la ley sin importar la
consecuencia. Quien es el culpable?. La
razón trabaja en dos verdades de espejismos: Él tiene yo no tengo, no sabe lo que es trabajar, la
ignorancia puede más que la inteligencia, etc.
Es una repetición continua
marcando un territorio de una guerra, calle arriba, calle abajo, una venta al
apuro, mirando a los cuatro vientos, de repente se escucha un eco, ahí vienen,
cuidado. De nuevo la marcha olímpica, el trote de escabullirse, esfumarse para que la ley se ejecute y hayan
lamentaciones.
Mientras exista la oferta y la
demanda, la comodidad, el apuro de ganarle al tiempo, de buscar el regateo,
etc, habrá la marcha olímpica, de una
verdad a medias, que necesito trabajar.
Pero la ley está ahí, y el poder verdadero,
está en función de quien está al frente.
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