lunes, 9 de mayo de 2016

La ley y la informalidad de una economía popular.



Cuando la razón trabaja con dos verdades, se presenta el choque de buscar una sola verdad,  en la razón de la ley.  La ley es para ejecutarla en beneficio de un colectivo social,  para el desarrollo de una sociedad.

Hasta ahí, todo bien,  porque se necesita un órgano regulador para la aplicación de la ley. Pero qué pasa,  cuando el hombre y la sociedad no la tiene bien claro la acción de la ley y su consecuencia de la misma dentro del entorno social y familiar.

 Sin la ley que regula, la sociedad sería un caos, una tierra de nadie, de vivir un canibalismo de la fuerza en función de un caciquismo,  sin el ordenamiento territorial, más bien de un expansionismo,  como fundadores de una nueva identidad cultural.

Es lo que experimentado en las ferias libres, el seguimiento de la ley a la informalidad de una economía popular.  La ley dice tener la carne en refrigeración para prevalecer el bienestar en el consumo y no se presente casos mayores de salud.  Pero la informalidad hace lo contrario a la ley con el fin de lograr un consumo sin normas establecidas a la salud humana.

La informalidad lo hacemos,  los ofertantes y demandantes, olvidándonos del principio de la ley en prevalecer el bienestar,  se dan las carreras de la ley sancionadora a los alimentos que  no cumplen los parámetros estipulados.  La pierna de carne de chancho al hombro de su dueño, que  se escabullen como una hormiga para no ser visto por la ley, en este caso la Policía Municipal.

La Policía Municipal cumple su rol,  de hacer cumplir la ley, al otro lado está el pueblo que tiene que cumplir la Ley. Nacen los conceptos, definiciones, epítetos  de adjetivos de ofender a la ley,  y,  la ley utiliza su autoridad como tal.  Un choque del sustantivo con su adjetivo hiriente, con la razón de la ley. 

Cuando la ira se olvida de la ley, se convierte en el canibalismo de ser la ley, sin el equilibrio del raciocinio,  para evadir la ley sin importar la consecuencia. Quien es el culpable?.  La razón trabaja en dos verdades de espejismos: Él tiene  yo no tengo, no sabe lo que es trabajar, la ignorancia puede más que la inteligencia, etc. 
Es una repetición continua marcando un territorio de una guerra, calle arriba, calle abajo, una venta al apuro, mirando a los cuatro vientos, de repente se escucha un eco, ahí vienen, cuidado. De nuevo la marcha olímpica, el trote de escabullirse,  esfumarse para que la ley se ejecute y hayan lamentaciones. 

Mientras exista la oferta y la demanda, la comodidad, el apuro de ganarle al tiempo, de buscar el regateo, etc,  habrá la marcha olímpica, de una verdad a medias,  que necesito trabajar. Pero la ley está ahí,  y el poder verdadero,  está en función de quien está al frente.     
    

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