Doctora María Paula Romo, me perdona como ser humano, como padre, como un hijo de Dios y como un cristiano. No podemos decir que el 28 es el día del orgullo gay, que merecen respeto. Sí, sí, pero es una aberración dentro de la esencia de la familia como un ente que es la vida de la sociedad.
Solamente una madre puede entender el dolor más grande que un ser, que sale de sus entrañas tome un rumbo torcido, distinto de la voluntad de Dios. Dios creo desde el origen Hombre y Mujer, no hay un intermedio. La unión de los dos (hombre y mujer) se hace una sola carne y da vida.
Eso es la vida matrimonial, donde se da el amor y el placer único que fue dado por Dios para fomentar y que sea visibilizado por el hombre, el testimonio del perdón. Porque el matrimonio es eso donde es una sola carne con dos razonamientos, dos verdades, en esa realidad se da la convivencia con Jesucristo resucitado en el centro. Los frutos son los hijos con discernimiento, sabiduría para aportar a la sociedad para su desarrollo y crecimiento.
La relación de una pareja de un mismo sexo no contribuye en nada a la sociedad y peor aún a familia más bien su destrucción. Tampoco se puede hacer leña del árbol caído, que necesita ayuda profesional, comprensión, amor, etc. Que todos estos valores vienen desde la cuna de la familia. Pero no podemos decir el orgullo gay, podemos decir misericordia, sí.
No seamos tan ingenuos por querer ser bien visto, ganar prestigio, fama, poder político se juegue con la identidad de la persona. Midamos bien sobre las leyes que se plantean hacer, la consecuencia es fuerte y mañana lo podrá sufrir en su propio lecho.
Saludos cordiales,
Nixon Maldonado Montaño
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