La muerte cruzada, plagio académico y los candidatos.
Tres palabras que se relacionan entre sí, se involucran para
vivir el egoísmo, la revancha y la búsqueda del poder. Tres palabras que causan
el dolor, la pobreza de un pueblo que tenía la esperanza de un cambio, de nuevo
rumbo, la reactivación de la economía, generar empleo.
Pero se generaron tropiezos, caídas, no de aprendizajes, más
bien de competir y manejar el poder, tener la verdad, vivir el momento, de ser
el dueño del país. Se expresa un lenguaje de avaricia, de exponer un sustantivo
inherente a la ética y valores de la familia.
El enfrentamiento de poderes, el juego del gato y el ratón, el
juego de la gula del poder, en dar el jaque mate, pero antes de eso hacer daño,
herir la honorabilidad del prójimo, debilitar y anular la sabiduría, quedarse
con la razón. Una razón que se desvanece y entra a la oscuridad de lo
irrazonable, el caudal de la mentira que sigue un cauce, para desembocar en el
valle de la ironía de la pereza, para suponer que el pueblo no piensa ni
discierne la mentira como verdad.
Vivir ya sin armonía, vivir por vivir, la viveza criolla de
una lujuria de poder, de hacer una normalidad, de votar el anzuelo del engaño y
caiga quien caiga, el inocente, el débil, que entrara a vivir la ira como el
factor común de una sociedad sin Dios.
El votar los dardos de ponzoña, de dañar la moral de la
estructura de la familia, de generar la codicia. La vivencia de la locura,
hasta que sale a flote el decreto de la muerte cruzada, un decreto guardado
como el as del juego de póker, la mejor carta para dejar con la boca entre
abierta, con aire de realeza de pueblo, de tomar aguardiente en botella de whisky.
El humo blanco de la paz generado por la muerte cruzada, el
pueblo a la espera de ver por la chimenea de las antenas de los medios de
comunicación, de firma o no firma, pero al final, firma, la cadena nacional, la
noticia, la gran noticia de la democracia, la mentira para sí mismo como el
nuevo Rey, la monarquía de la constitución de no tener los súbditos para ser
elegido y terminar el mandato constitucional.
Ante la razón del hombre, que llego la verdad, la calma, el
humo blanco, se presenta nuevos desvíos a la verdad. El plagio de una tesis,
será verdad o mentira, no lo sabemos. Pero hay una verdad, de nuevo el egoísmo,
un egocentrismo de calificarse defensores de la democracia, defensores del
pueblo. La honorabilidad de una justicia
de ética y moral, pero se vive los epítetos, que la culpa es de Correa, darle
poder por ironía de una soberbia, de construir sin Dios.
El desvió de la realidad del hombre, sin esperanza, sin
sueños, pero los grandes eruditos de la metodología de la Investigación han
dado ya su veredicto, culpable. En que beneficia al país, dicen que es un baño
de la verdad, desaparece la corrupción, el cuento ha terminado, el final feliz.
Cuando sabemos que el único que tiene la verdad y puede juzgar con misericordia
es Dios.
Pero la audacia del hombre es tan perspicaz, para determinar
al candidato idóneo para ganar las elecciones. No importa lo que piense el
pueblo, que gane con su voto democrático. Lo que importa es ganarle a Correa,
el egoísmo latente de buscar el humo blanco en medio de la pobreza, la
delincuencia, la muerte.
Tres palabras que generan el egoísmo, la avaricia, la
idolatría, la lujuria, la soberbia, por llegar al poder, sin mirar que el
pueblo pide volver a tener identidad, tener esperanza, tener fe y temor a Dios.
Pero también hay tres palabras: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
que permiten al hombre volver a nacer en Espíritu, ser luz, de ganar una guerra
con sabiduría de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario